Published on traveler.es |27/12/2019| Direct link

By Anabel Vázquez


Las tendencias son, como el éxito o el fracaso, un proceso, algo que se va viendo venir, algo que se conjuga en gerundio.

No comienzan ni terminan de forma rotunda; por eso, lo que escribimos hoy no es tan distinto de lo que escribimos el año pasado por las mismas fechas; tampoco de lo que escribiremos el año que viene. Lo que sí será es más firme.

En estos meses, además, han aparecido nuevas formas de viajar que tendrán su propio recorrido. Las tendencias no dejan de ser un viaje.

Las tres grandes macrotendencias no pillan a nadie por sorpresa. Son tres vértices de un mismo triángulo: el viaje responsable, el viaje transformador y el viaje como búsqueda del bienestar. La idea es viajar para cuidar: del mundo y de nosotros.

Si la última década fue la de las fotos compartidas de piscinas de riads marroquíes y la de los selfies en el Puente de Brooklyn, esta se anuncia más privada. Es el momento de guardar las mejores imágenes para enseñárselas a los amigos, de dosificar la información.

Comienzan tiempos pudorosos, quizás porque se acerca una desaceleración, porque ya hemos logrado más likes de los que podríamos gestionar y porque ahora estamos comenzando a vivir otra película viajera.

Esta película no es una superproducción de superhéroes, sino una cinta intimista de la que saldremos transformados. Es más Historia de un Matrimonio que una superproducción de Marvel, por seguir con el símil cinéfilo.

Estas tendencias son los tres grandes pilares del nuevo nómada, pero hay subtendencias que, en muchos casos, se declinan de ellas. Viajaremos con nuestros animales , buscando el rastro de nuestros ancestros, fuera de temporada o en viajes que unan a varias generaciones.

Usaremos en conversaciones palabras como friendmoon (luna de miel con amigos) , microcations o undertourism, lo contrario a overtourism , que tanto se ha usado en la última década. Les buscaremos sinónimos en castellano con más o menos éxito.

Iremos a las Islas Frisias , a Albania , a Varsovia , a Aracena, Panamá , a Taghazout y a Nueva Orleans , a dormir en Peter and Paul . Seguiremos haciéndonos fotos allá donde vamos, porque eso no es nuevo: se hace desde que se puede. 

Con la burbuja de los influencers desinflándose a buen ritmo, la industria aprovecha para redefinir el término. Un influencer es David Attenborough. 

También lo son ese amigo que siempre encuentra restaurantes singulares, el matrimonio Wirth (los dueños del Fife Arms ) o esas pequeñas cuentas de Instagram cuyas fotos siempre guardamos. En definitiva, nos influirán o los muy grandes o los cercanos. Como siempre ha ocurrido.

Los viajes no han cambiado: lo hemos hecho nosotros. Nos hemos vuelto responsables; por eso, nuestro viaje también lo será. Se viaja como se vive. La industria, que implica a más de 300 millones de personas en todo el mundo, sabe que tiene el poder de activar un cambio, y lo está ejerciendo.

Entre ellos y nosotros intentaremos conservar lo que tenemos y dejar la menor huella posible allá donde vamos. Esto se aplica a los desechos, los plásticos y la contaminación, no a otro rastro: seguiremos dejando huella en las personas y quizás amores en distintos puertos.

Intentaremos viajar en tren cuando las distancias sean cortas y reservar en hoteles conscientes ; hay cadenas que se llaman así: la holandesa Conscious Hotels , que ya apostaba por este tema hace una década y sigue abriendo hoteles . Y el Zetter se llama hotel “eco consciente”.

Conscious House se inauguró este año en Londres con planes de crecimiento. Se persigue un consumo más reposado y la decisión de reservar o no en un sitio se tomará a partir de si comulgamos o no con sus valores.

Según Accenture, un 63% de las compras se harán en compañías en las que nos reflejemos. No dejaremos de ir a Venecia o a Sevilla , lugares amenazados por el llamado “sobreturismo” . Ni se nos ocurre.

Sí va a cambiar la relación que tengamos con ciudades cargadas de visitantes: viajaremos fuera de temporada, y gastaremos en bares y guías locales. Cuidaremos a los lugares como cuidamos a las personas.

Viviremos de la manera más coherente que podamos, pensando de vez en cuando qué pensaría Greta Thunberg de nuestras decisiones. Bendita Pepita Grillo. En paralelo, y aquí llega lo difícil, es importante no obsesionarse en esta nueva forma de activismo.

No tenemos que cruzar el Atlántico en barco, ni pasarnos de flygskam, pero sí podemos volar con aerolíneas responsables . La mayoría está evaluando qué puede hacer desde su rincón del mundo (del cielo) para contaminar menos.

Push for Change es una iniciativa de Finnair que propone a sus pasajeros compensar las emisiones de CO2 donando una pequeña cantidad a un proyecto medioambiental en Mozambique o comprando biocombustible. Compañías como KLM traducen la responsabilidad de ser sostenibles en distintos frentes.

Por ejemplo, fue la primera en Europa en retirar de su catering a bordo huevos y pollo producidos o criados en masa. El pasado junio lanzó la iniciativa Fly Responsibly para compartir (de manera gratuita) con toda la industria aérea las mejores prácticas y herramientas desarrolladas por la compañía relativas a sostenibilidad.

En este momento de 2019, ya no deberíamos encontrar en aviones de Air France envases de plásticos de un solo uso a bordo de sus vuelos. Esto representa 210 millones de productos de plástico de un solo uso. Poco a poco. Paso a paso. Por el camino, recuperamos el tren .

En abril llega AVLO , el ave low cost y aumentan las propuestas de viajes sobre raíles. Agencias como Original Travel proponen viajes en tren en Italia , Canadá y Japón . Este es un buen año para viajar al país asiático, el país de los pequeños detalles: el 2020 es año olímpico.

En esta obsesión por el viaje responsable crecen formas de viajar que, sin ser nuevas, encuentran ahora su momentum. El intercambio de casas ha aumentado, a nivel global, más del 45% respecto al año anterior.

Es una cifra de Home Exchange , la plataforma líder de este sistema de alojamiento que encuentra su sitio en una época en la que se valora la inmersión en la cultura local y el uso de los recursos existentes. Pero que los hotelófilos no teman: el hotel sigue estando en el corazón del viaje y continúa dándonos muchas alegrías.

Los hoteles se revisan, retuercen, retan y complican. La experiencia está superada: ahora buscamos emociones, impactos y eso tan manoseado llamado relato. Un ejemplo es el que vamos a llamar, a falta de más imaginación, hoteles-puzzle, hoteles compuestos de muchas piezas.

Ahí estarían lugares como el French Theory en París , el Ryse (Autograph Collection) en Seúl o el Eaton Workshop en Washington y Hong Kong . Que tengan habitaciones es casi lo de menos: aquí se acude a comprar, a exponer y hasta a grabar un disco.

Estos formatos híbridos y representantes de una hostelería integrada proponen una nueva manera de estar en la ciudad y cada vez son más. Un caso extremo de nueva hostelería es el de Sweets Hotel , que pone patas arriba el concepto mismo de hotel. Le llamaremos, también con la fantasía justa, hotel no-hotel.

Se trata de un lugar que tiene sus 28 habitaciones repartidas por todo Ámsterdam ; detrás está un proyecto importante de revitalización de las casas-puente, unos edificios pequeños característicos de una ciudad llena de canales.

No se reserva la habitación 302, para entendernos, sino una casita para dos en una zona determinada de la ciudad. Aquí sacamos la bola de cristal y lanzamos un vaticinio: veremos más hoteles así de valientes, que desafían a su propia naturaleza.

En lugares como en Sweets Hotel, el viajero consciente se siente cómodo ; además, tiene una buena historia que contar a la vuelta. También en lugares como el hotel Treehouse , recién abierto en Marylebone, Londres , que cuenta con un horticultor en nómina.

Estos son reclamos nuevos. Otro más: dormiremos en hoteles sin dormir; es decir, reservaremos habitaciones solo para el día, sin pasar la noche.

Esto se ha hecho siempre en determinados hoteles (ejem) , pero la novedad es que los buenos hoteles se están atreviendo a dar esa opción. Algunos hoteles Hoxton abren camino ofreciendo, a veces, reserva por horas.

La web Dayuse te ayuda a encontrar hoteles por todo el mundo en los que es posible alojarse así. Otros hoteles buscan justo lo contrario, estadías largas y lo hacen con reclamos tan antiguos como el hombre. Urban Cowboy Lodge , un refugio recién abierto en los Catskills, se publicita ofreciendo cabañas con sonido del río, bañeras de cobre y chimeneas.\

Además, se enorgullecen de algo: no hay servicio de móvil; del FOMO pasamos al JOMO , al regocijo de estar perdiéndonos algo. Esto puede estresar a muchos, pero estos hoteles no quieren ser para muchos.

Tampoco es para muchos el llamado champing, otro desafío al hotel convencional. Es un invento inglés que consiste en acampar en iglesias históricas. Leamos la frase de nuevo. Existe una red de champing que localiza sitios en los que se cruzan la sensación nómada del camping con el recogimiento de la iglesia.

Es un proyecto del The Churches Conservation Trust , cuyos beneficios van a la conservación de iglesias. Para los interesados, la temporada empieza el 30 de marzo y termina el 29 de septiembre.

Reino Unido vivirá un año intenso, a la espera del ya probable Brexit. Seguiremos viajando allí, aunque ahora cambiemos el DNI por el pasaporte. Lo haremos porque sigue siendo un país extraordinario y porque en ese país hay hoteles como Beaverbrook .

Esta mansión de Surrey resucita con un aire contemporáneo sin perder ni una pizca del encanto de un lugar que ha visto pasar por sus salones a lo más granado del glamour y del poder del siglo XX.

Seguiremos viajando para pasarlo bien y para, como escribió Cortázar, “cambiar el agua a la pecera”. Seguiremos viajando porque nos da la gana. Feliz 2020.

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